La decisón la hizo pública Itamaraty, al subir una foto de Bitelli junto al canciller Mauro Viera en Brasilia. Al encuentro, luego, se sumó el propio Lula da Silva.
Que el llamado a consultas escale a un problema geopolítico puede significar un grave problema para Argentina. Es que el gigante brasileño es el primer socio comercial del país y parte de las exportaciones industriales -como, por ejemplo, el sector automotriz- tiene como exclusivo destino al país vecino. Desde la Cancillería brasileña, sin embargo, trataron de que la acción diplomática sea solo un llamado de alerta y no el puntapié para romper relaciones. «No es en señal de protesta», deslizaron a varios medios y agregaron que Bitelli volverá al país la próxima semana.
Lo que sí no se puede ocultar es el enojo de Lula. Una de las gotas que rebalsó el vaso fue la decisión de Milei de esquivar la cumbre del Mercosur en Asunción y viajar, ese mismo fin de semana, al balneario Camboriú para la Conferencia de Acción Política Conservadora que orquestó el clan Bolsonaro. Desde el escenario, el presidente argentino dijo que el exmandatario brasileño es un «perseguido político» respecto a las diversas investigaciones que pesan sobre el exmilitar.
Hace apenas un mes, el propio Lula anticipó que no habrá reunión con Milei hasta que el Presidente argentino «no pida disculpas al pueblo brasileño». El ultraderechista redobló la apuesta -además de los latiguillos de «comunista» y «corrupto», se le sumó el de «ego inflado»- y no dudó en juntarse plantar al Mercosur para reunirse con el clan Bolsonaro, que le entregó una medalla por no mantener relaciones homosexuales.
La IGJ dispuso que, de acuerdo a los artículos 346 y 347 del DNU, «debe aceptarse la participación de las asociaciones civiles y fundaciones como accionistas en sociedades anónimas y la transformación de las asociaciones civiles en sociedades anónimas». Agrega que debe «simplificarse la inscripción de entidades de bien común constituidas en el extranjero para el desarrollo de su actividad en la República Argentina”.
Se trata de la puerta de entrada de los capitales privados – y extranjeros- a la estructura societaria de los clubes, que en la Argentina funcionaron históricamente como sociedades civiles sin fines de lucro. El presidente Javier Milei viene haciendo campaña por este cambio, que también es impulsado por el exmandatario Mauricio Macri.
“No más socialismo pobrista en el fútbol”, escribió Milei en su cuenta de X (Twitter) al defender el proyecto la semana pasada. Para eso usó una falacia como argumento al señalar que los 11 titulares de la Selección argentina que ganaron la Copa América juegan en clubes que están en manos de privados, pero omitió que esos futbolistas se formaron primero en clubes de barrio y luego en entidades que nunca fueron sociedades anónimas.
Las promesas del Gobierno y el rechazo de la AFA
El Gobierno argumenta que la privatización de los clubes será algo «opcional» y dependerá de la decisión de los socios de cada entidad, al mismo tiempo que promete que la entrada de los capitales elevará el nivel de la liga local como sucede en Inglaterra. Sin embargo, elige hacerse el distraído con las cientos de experiencias fallidas de gerenciamiento privado en todo el mundo que llegaron con cantos de sirena y terminaron con el vaciamiento de los clubes.
La AFA rechaza la iniciativa y ya advirtió que su estatuto no permite la inscripción de otra figura que no sea la de las asociaciones civiles sin fines de lucro.
La Casa Rosada detalló que la resolución de la IGJ publicada hoy entrará en vigencia el 1° de noviembre, por lo que desde esa fecha los clubes podrían aprobar el ingreso de los capitales privados.