Jóvenes, salud mental y la respuesta de los especialistas
Todas estas problemáticas aparecen de manera frecuente en los consultorios psicoanalíticos. Así lo explicó a este medio Natalia Yasuda, docente y licenciada en psicología: “Surge la queja, esta angustia de qué va a pasar en un futuro. Cómo puedo atravesar estas dificultades. Porque no es algo que uno controle del todo. Es algo de lo que viene del afuera. Aparecen situaciones de mucha tristeza. Mucha angustia. Muchos miedos. Mucha ansiedad. De que por ahí hay algo de esa ilusión con la que uno trata de vivir el día a día que se ve impedida”.
Para la licenciada en psicología Clara Casal también se juega algo en este sentido dentro del consultorio: “Aparece la preocupación con respecto a lo económico y la idea de que es algo que hay que resolver rápidamente. Aparece la idea de que hay que solucionar lo económico antes que pensar en qué quiero hacer de mi vida o a qué me quiero dedicar”. Y pone el ejemplo de algún joven que quizás quiere dedicarse al arte, pero no lo hace por sentir que ese camino no tendrá una respuesta económica rápida en un contexto en el que lo mismo pasa con decenas de trabajos profesionales mal pagos.
Ambas prestan una reflexión para pensar este dilema. Para Casal, el desafío está en que estas preocupaciones económicas muchas veces obturan y no se da lugar a preguntarse por qué es lo que se quiere hacer de mi vida, qué es lo que uno quiere hacer. El deseo debajo de la roca de la crisis. Para Yasuda, la clave está en pensar las “propias resistencias fantasmáticas” y ver cómo desde la individualidad se puede destrabar el conflicto y que cada individuo, “cada subjetividad”, pueda, a pesar de todos esos obstáculos, “continuar sin que sea tan aplastante”.
Parámetros propios
Si en cualquier contexto la independencia puede vivirse como una instancia de desafíos, en este contexto de crisis económica y de imperativos de progreso económico rápido —por no mencionar otros imperativos de belleza y tendencias— las ansiedades se multiplican. Por eso quizás el desafío está en ver de qué manera se pueden armar los parámetros propios para medir los progresos, de qué manera se pueden destacar las cosas positivas en las trayectorias propias o colectivas, por más que el contexto no ayude y sin que eso signifique, necesariamente, «fingir demencia» o tener una mirada benevolente con las injusticias que impactan día a día.
“La posición frente a un Estado más ausente no puede ser ‘ay, qué mal, estoy desamparado’. Siento que ese motor de acción, desde ‘hagamos cosas’ o ‘armémonos nuestro quiosco de lo que sea’ es una energía muy vital, transformadora, que no está”, quizás, en esta propuesta de Catalina, se encierra el corazón del desafío: volver a pensar qué pasa con esa energía vital que para los jóvenes adultos parece estar en una constante espiral descendiente.