“Los patines me los ataba con alambre pero quería llegar al Mundial”
2 - diciembre - 2025
La historia del deportista rosarino que a los 38 años vendió su kayak y pidió un préstamo para estar en el mundial y lograr ser subcampeón.
Alfredo Tadeo Wiedmer, de 49 años, es un patinador profesional consagrado a nivel nacional y subcampeón mundial de patín en 2013. Sin embargo, su historia de resiliencia comenzó a trascender hace poco a través de las redes sociales. Hoy recorre el país en micro asesorando a equipos del interior con una mirada artística y creativa. Oriundo de Rosario, Santa Fe, Wiedmer tuvo una infancia signada por la violencia intrafamiliar, los excesos de sus padres y la pobreza. A los 8 años lo mandaron a vender pan casero y a los 14 tuvo que irse de su casa porque su papá no aceptaba que fuera patinador. La pasión por este deporte comenzó cuando vio por primera vez al grupo de alumnas que su tía entrenaba. “Quedé impactado. Todo me parecía mágico”, recuerda Wiedmer en esta entrevista exclusiva para Página/12.
Se mudó con sus abuelos, pudo aprender patinaje artístico y continuó trabajando para costear su carrera. En sus ratos libres miraba videos en VHS de campeonatos internacionales y soñaba con estar ahí, representando a la selección argentina. Entonces entendió que el paso siguiente era comenzar a competir. A los 18 años se federó y, desde ese momento, estar en un mundial se convirtió en el motor de su vida.
–¿Por qué era tan importante estar en un mundial de patín artístico?
–Porque fue el sueño desde el día que empecé a mirar los videos. Yo quería ponerme la campera del seleccionado y representar al país. Era lo único que deseaba para mi vida. Pero no resultó fácil porque en la casa de mis abuelos no gustaba que compitiera, decían que eso no era bueno.
–Entonces, ¿cómo hiciste para convertirte en campeón nacional y luego en subcampeón mundial?
–Porque me reencontré con un entrenador que se acordaba de mí. Insistió para que comenzara a competir. Su propuesta reflotó el gran anhelo. Me confederé y logré ser campeón nacional. Intenté clasificar para el mundial de patín junior que se hacía en Colombia. ¡Quedé en el puesto 16! (se ríe). No tenía para pagar la instrucción y los patines me los ataba con alambre, pero lo quería intentar.
–¿Cómo hiciste para sostener la meta a pesar de que los intentos no resultaban?
–Todos los años pensaba en clasificar, en buscarle la vuelta. Probé en pareja, en línea, en grupo, pero quedaba afuera. Hasta que desistí y empecé a disfrutar de mi rol como entrenador. Logramos viajar cinco veces a partir de 2010. Me enfoqué en preparar las coreografías de los equipos que representaban al país.
–¿El “Patinando por un sueño” de 2008 ayudó a concretar el tuyo?
–Sí, fue un antes y un después. Era el pasaporte que necesitaba y el envión que me permitió cambiar de piel y de horizonte. Estaba trabajando de soñador y además me divertía la adrenalina del espectáculo.
–¿Qué te pasó cuando finalmente te convocaron para la selección?
–No lo podía creer. Era la oportunidad. Me llamó Tamara Álvarez, la mejor entrenadora del país, para avisarme que les faltaba un patinador para la clasificación al mundial de China. Éramos seis parejas y todo se definía en un mes. Ni lo dudé. ¡Por fin se me daba! Vendí el kayak, pedí plata prestada y empezamos a prepararnos.
–¿Qué te pasó cuando pisaste la pista en el mundial?
–Me pasó la vida en ese instante. Recuerdo mirar para abajo y ver que las ruedas (se emociona) estaban cumpliendo el sueño de mi vida en grupo. Todo el esfuerzo que hice para estar ahí había tenido sentido. Me sentí más patriota que nunca.

–¿Por qué tu historia se conoce recién ahora?
–Porque en un podcast sobre patín me preguntaron por mi recorrido profesional y por el libro que estoy escribiendo sobre mi historia. Eso se viralizó y después llegó a la tele. Tiempo atrás me daba vergüenza contar que patinaba. Éramos pocos los que nos animábamos a entrar a una pista llena de chicas y enfrentarnos a la mirada de la sociedad. A mí me costó un montón contar que era subcampeón del mundo. Hoy estoy orgulloso.
–¿Cómo ves el desarrollo del patín artístico en Argentina?
–Tuvimos momentos de gloria entre 2006 y 2008. Llegamos a estar entre los primeros puestos del ranking mundial. Estaba Italia y después Argentina. Hoy tenemos excelentes patinadores que no pueden renovar sus patines o que venden pastelitos para costearse el mundial, y la Confederación Argentina de Patín (CAP), en vez de facilitarles el viaje, se los cobra más caro. Así, las familias van desistiendo y los chicos también. En Europa los equipos tienen deportólogos, coaches, psicólogos y directores técnicos de danza. Es más costoso, pero hay un sistema que los sostiene y acompaña.
–¿Qué tienen los patines?
–Son magnéticos, es muy misterioso lo que sucede. Cuando domaste el equilibrio arriba de los patines, no los largás más. Se te prenden al alma.
–¿Qué te dio el patinaje?
–Aprendí que, a pesar de las caídas, hay que meterle para adelante. En algún momento se logra aquello que tanto se practica. Aparecen los trompos, los saltos y los trucos.
Wiedmer ya lleva organizada la segunda edición de la copa nacional por teams, el Grand Prix Supernova, que premia a los mejores equipos del país y sigue promoviendo la pasión por el patinaje, el deporte que le dio un propósito a su vida.
fuente pag12
