19 - mayo - 2026

La morosidad de las familias argentinas sigue en aumento

Las deudas impagas dejaron de aparecer como casos aislados y pasaron a marcar un deterioro extendido en la economía de los hogares argentinos. La morosidad de las familias llegó al 11,2% en febrero, el nivel más alto de las últimas dos décadas. El dato superó incluso los registros de la pandemia y se ubicó en valores que no se observaban desde 2004.

El indicador acumuló 16 meses consecutivos de subas, una secuencia que muestra una presión sostenida sobre los compromisos financieros familiares. El salto no se concentró en un solo tipo de entidad, porque afectó a casi todo el sistema bancario y a plataformas de crédito. El problema aparece, entonces, como una dificultad más amplia para cumplir con préstamos, tarjetas y obligaciones vinculadas al consumo.

El deterioro también quedó reflejado en el Índice de Vulnerabilidad Familiar del Congreso, que sumó 10 meses seguidos en alza. Ese registro llegó a 5,1 puntos y ubicó a los hogares dentro del rango técnico de “Fragilidad Familiar”. La combinación entre mora récord e incremento del índice expone una distancia creciente entre los indicadores macroeconómicos y la economía cotidiana.

La causa de fondo aparece ligada a un escenario contractivo que golpea los ingresos disponibles. La pérdida de poder adquisitivo de los salarios redujo margen para afrontar gastos corrientes y compromisos financieros. A eso se sumaron el retroceso del empleo formal privado y el cierre persistente de pequeñas y medianas empresas.

La morosidad creció especialmente en líneas de crédito vinculadas al consumo corriente y a montos menores. Ese dato resulta relevante porque muestra que parte de la población no se endeuda para grandes inversiones, sino para cubrir necesidades inmediatas. En ese tramo, el crédito funciona como complemento de ingresos insuficientes y no como herramienta de planificación financiera.

Los analistas sectoriales ubican el avance de carteras irregulares en los segmentos de menor escala y consumo habitual. Esa característica permite leer la mora como una señal de tensión sobre el presupuesto diario, no solo como un problema financiero abstracto. La fragilidad se profundiza cuando los ingresos no alcanzan para cubrir al mismo tiempo alimentos, servicios, alquileres, transporte y cuotas.

El dato de febrero dejó una foto precisa del deterioro, pero la secuencia previa muestra que el problema viene escalando desde hace más de un año. La continuidad de la tendencia dependerá de la recuperación del salario real, la estabilidad del empleo privado y la capacidad de las familias para reducir compromisos vencidos. Por ahora, el límite operativo está en hogares que ya no solo se endeudan, sino que empiezan a quedar afuera del cumplimiento regular de sus deudas.

Fuente: Agencia NA