La justicia, corrida a un costado
El fallo de la Conmebol por los incidentes ocurridos en el estadio de Independiente de Avellaneda.
El fútbol se volvió a salpicar con sangre en los episodios de salvajismo que se protagonizaron en el estadio de Independiente, el 20 de agosto pasado, durante el transcurso del encuentro ante la Universidad de Chile, por la Copa Sudamericana. El hecho no ofreció muertos, de manera milagrosa.
La Confederación Sudamericana (Conmebol), la entidad que regula las competencias continentales, analizó los descargos efectuados por los clubes por esa noche de terror, y dio a conocer las sanciones el jueves último.
Independiente recibió un castigo ejemplar: descalificación del torneo, no podrá contar con su público en los próximos siete partidos, y tampoco lo tendrá en los siguientes siete encuentros en condición de visitante. Los chilenos, por su parte, clasificaron automáticamente a los cuartos de final, pero lo harán sin sus hinchas durante siete partidos como local, y tampoco estarán en esa cantidad cuando sean visitantes. Además, ambos tuvieron penas económicas.
El fallo causó sorpresa, no por lo que le toca afrontar a la institución de Avellaneda, sino por la desigualdad en la resolución. Las escenas fueron tristes desde todos los puntos, y por ese motivo se especulaba que lo más equilibrado hubiera sido la descalificación para los dos conjuntos. Sin embargo, la presión de la Federación Internacional (FIFA) para que Independiente pague el costo más alto fue mucha, a partir de que las imágenes más horrendas comprometían al club argentino.
Las preguntas que quedarán sin respuesta son dos: ¿Qué hubiera pasado si el partido se cancelaba cuando fue interrumpido más temprano, en el instante que los barras chilenos arrojaban todo tipo de material a la tribuna local? ¿Universidad de Chile habría sido marginado del certamen en ese aspecto?.
Lo que estaba claro era que la Conmebol no estaba de acuerdo, en que los peruanos de Alianza Lima accedan a las semifinales sin jugar la serie de cuartos. Y alguien tenía que pagar la cuota más cara. Al parecer, el propio Gianni Infantino habría pedido un fallo modélico para el club organizador del partido.
La política interna de la Universidad de Chile también jugó su papel en los disturbios, ya que la empresa concesionaria del club, Azul Azul S.A., encabezada por su presidente Michael Clark, no es del agrado de la masa societaria. El malestar es por las decisiones con una lógica corporativa y no puramente deportiva. Los hechos, en ese caso, estarían premeditados para perjudicar a la compañía.
Lo concreto es que la Conmebol tuvo una gran oportunidad para sentar un precedente histórico, y la determinación no hizo más que generar más controversia antes que priorizar la transparencia.
fuente pag12