3 - octubre - 2021

Discriminación y mujeres con VIH

La Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos junto con el Ministerio de Salud de la Nación y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), con el apoyo del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre VIH-Sida (ONUSIDA) y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentó el estudio del Índice de Estigma y Discriminación hacia las personas con VIH en la Argentina 2.0. El trabajo fue realizado por primera vez a nivel mundial por una red de jóvenes con VIH.

Si bien en la Argentina, hay más hombres con VIH que mujeres, somos las mujeres con VIH las más sufrimos estigma, discriminación y violencia por razones de género. Por eso, con el empuje y la articulación de ICW Argentina, la comunidad de mujeres con VIH desarrolló una sección específica dedicada al análisis del impacto de esas variables, lo que conforma un hito en la historia de ese estudio. Allí se pudo comprobar un alto nivel de estigma y autoestigma por parte de las jóvenes con VIH entre los 25 a 39 años.

A pesar de un contexto nacional de apertura en términos de restitución de políticas públicas con enfoque de Derechos Humanos, de mayores niveles de información y conocimiento acerca del VIH y el sida, y de múltiples redes y organizaciones para acompañar y contener a las personas con VIH, las mujeres más jóvenes -de hasta 24 años- presentaron un porcentaje mayor de dificultades para hablar sobre su estado serológico con otras personas y afirmaron, en mayor medida, que evitaban contarlo.

«Si bien en la Argentina, hay más hombres con VIH que mujeres, somos las mujeres con VIH las más sufrimos estigma»

Hoy, en 2021, una mujer joven con VIH en la Argentina tiene miedo de hablar de su diagnóstico. O sea, 40 años después del descubrimiento del SIDA continuamos viviendo y sufriendo discriminación en el entorno social y comunitario, en diferentes ámbitos como el sistema de salud, laboral, entre otros. Además, en este grupo el estigma por VIH se superpone con otros que derivan de prejuicios propios de una sociedad adultocentrista.

Como punto fuerte y de empoderamiento, las mujeres más jóvenes presentaron mayores porcentajes de acción y empoderamiento frente a situaciones de discriminación, pudiendo explicar el impacto de los actos discriminatorios y estigmatizantes a las personas que los habían realizado. También mencionaron que participan en menor medida que las adultas en tareas de apoyo y sostenimiento a otras personas con VIH y en organizaciones sociales.

De otro lado, el 56% de las mujeres jóvenes -de hasta 24 años- consideraron que fue una experiencia negativa la divulgación a personas de su entorno no cercano, lo que denota un tratamiento estigmatizante por su edad. El 88% de las mujeres jóvenes manifestaron que les resultaba difícil contar a otras personas sobre tener VIH. Y otro dato importante es que, entre las jóvenes, existe la duda de realizarse el test por el temor a lo que dirán otras personas en caso de tener un resultado positivo (55%).

«Entre las jóvenes, existe la duda de realizarse el test por el temor a lo que dirán otras personas en caso de tener un resultado positivo»

Entre los diferentes tipos de violencias, las modalidades obstétricas y aquellas en contra de los derechos sexuales y reproductivos han sido las más invisibilizadas por encontrarse muchas de ellas naturalizadas en el sistema de salud y en las mujeres mismas lo que agrava la situación de salud y afecta la integridad de las mujeres con VIH. Entre esas prácticas se destacaron las siguientes: la imposición de métodos anticonceptivos sin el debido asesoramiento sobre otras opciones o sobre la salud sexual y reproductiva en general; la obligación de utilizar tratamientos antirretrovirales durante el embarazo para prevenir la transmisión materno infantil del VIH sin brindar otras opciones; la prohibición o imposición de una forma determinada de lactancia específica sin brindar opciones posibles, accesibles, disponibles y sustentables para cada mujer; la esterilización forzada y la sugerencia o recomendación de no gestar.

Nosotras tenemos VIH pero también podemos decidir qué métodos anticonceptivos utilizar.

El 50% de las mujeres encuestadas, de quienes la mitad son mujeres migrantes internas afirmaron haber tenido experiencias negativas en la divulgación de su estado serológico a personas no cercanas. El 48% de las mujeres migrantes internas y el 54% de las mujeres pertenecientes a pueblos originarios respondieron haber sido agredido verbalmente por su estado serológico. También, el 47% de las mujeres lesbianas manifestaron haber sido agredido por su estado serológico mientras que el 82% de las mujeres de pueblos originarios y el 90% de mujeres migrantes internas manifestaron que les resultaba difícil contarle a la gente sobre su estado seropositivo.

«El Frente Nacional por la Salud de las Personas Viviendo con VIH pronunció un fuerte rechazo por la discriminación hacia las trabajadoras sexuales»

Las mujeres que ejercen trabajo sexual, el 18%, afirmaron que sus registros médicos no habían sido mantenidos en confidencialidad, y en el caso de las mujeres trans, el 16% tenía la certeza de que sus registros médicos en relación con su estado serológico no eran confidenciales. Un 23% de mujeres de pueblos originarios afirmó que en algunos servicios de salud le habían aconsejado no gestar; lo que muestra que el estigma del VIH se redobla con el racismo subyacente en estas prácticas.

Además, el 13% de las mujeres encuestadas afirmó que en algunos servicios de salud le había aconsejado no gestar. Esta práctica resulta claramente ligada al estigma del VIH y constituye, por parte del personal de salud, una violencia contra las mujeres y sus derechos sexuales y reproductivos, enunciada en la Ley Nacional 26.485 de Protección Integral hacia las Mujeres y de los tratados internacionales.

¿Quiénes brindan mayor apoyo? Los grupos y colectivos de mujeres más las redes de personas con VIH, trans y trabajadoras sexuales.

Por último, la participación de nosotras, las mujeres con VIH en organizaciones sociales, redes de VIH y organizaciones de mujeres y feministas dan cuenta de nuestro empoderamiento y de nuestra capacidad de agencia, movilización y de hacer oír nuestros reclamos para que se conviertan en políticas y derechos, esto también se evidenció en el estudio INDEX 2.0.

El Frente Nacional por la Salud de las Personas Viviendo con VIH pronunció un fuerte rechazo por la discriminación hacia las trabajadoras sexuales. Eliminaron la categoría “trabajadoras sexuales” del proyecto de Ley de e VIH, Hepatitis, ITS y Tuberculosis. Dicha categoría en el proyecto responde a criterios epidemiológicos del Estado y a recomendaciones internacionales de organismos como ONUSIDA y la OPS.

En la declaración política de la Reunión de Alto Nivel sobre VIH y Sida de la Asamblea General de las Naciones Unidas 2021, firmada por la Argentina, en junio de este año, nuestra población ha sido incluida para trabajar en pos de la erradicación del estigma y discriminación a pesar de los intentos de un sector por querer excluirnos en un nuevo intento de discriminación para dejarnos sin el derecho de poder acceder al sistema sanitario.

Para terminar: un año sin tratar el proyecto para una nueva ley de VIH, Hepatitis, ITS y Tuberculosis. ¿Cuánto más hay que esperar? El Proyecto debe ser tratado de manera urgente en las tres comisiones de la Cámara de Diputades en las que tienen giro. Si no se logra un dictamen antes de diciembre, perderá estado parlamentario por tercera vez. No hay más tiempo. Necesitamos tener una ley de VIH actualizada ya.