Describirlas como distantes, no basta: las relaciones entre Luiz Inácio Lula da Silva y Javier Milei son un témpano de frías. Si ya lo eran desde la toma de posesión del presidente argentino el 10 de diciembre, ese carácter se cristalizó la semana pasada cuando ambos estuvieron a pocos metros uno del otro en Italia, durante la cumbre del G7 en Italia, y optaron por ignorarse. Ese no saludo de los mandatarios de los dos principales socios del Mercosur da la medida del abismo que los separa.

Durante los dos días que permaneció en el resort del sur italiano, donde fue uno de los convidados a la cita de las principales economías occidentales, el brasileño mantuvo una serie de encuentros bilaterales, entre los que sobresalió la conversación con el papa Franciscodonde se trataron asuntos prioritarios para ambos: como la lucha contra el hambre, el cobro de un impuesto a los supermillonarios e impulsar un diálogo de paz entre Ucrania y Rusia.