3 - marzo - 2019

Un discurso con autocrítica y sin anuncios fuertes; y otro sobre un país de ficción

Leé La Columna del Domingo, el tradicional análisis de la edición impresa de Jornada.

El mismo día, casi a la misma hora, el gobernador de Chubut y el Presidente de la Nación hicieron sus tradicionales discursos en la apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura y el Congreso Nacional.

La superposición horaria no fue una mala casualidad –no ocurrió nunca en los últimas décadas y hasta era común que el gobernador de turno estuviese en el Congreso- sino una clara decisión política del gobernador Mariano Arcioni de marcar sus distancias con el presidente Mauricio Macri. Quería hablar a la misma hora. Tanto, que hasta el canal oficial levantó abruptamente la Cadena Nacional de Macri para poner el discurso del gobernador.

En la Legislatura, Arcioni dio un extenso discurso que sirvió como repaso de sus dieciséis meses al frente de la provincia. En ese marco hizo una necesaria autocrítica cuando habló de su “arrepentimiento” por tener que recurrir a “medidas extremas” con los empleados públicos, lo que significó un duro golpe al bolsillo.

Y cuestionó con dureza al Gobierno nacional, al que acusó de haber realizado un “ajuste extorsivo”, enumerando todos los recortes que afectaron a los chubutenses.

Pero al discurso del gobernador le faltaron anuncios. Una mirada hacia adelante más allá del proceso eleccionario que se avecina y que lo tiene como jugador central. “Chubut es la prioridad y mi único compromiso”, dijo en tono de campaña.

Tal vez, el compromiso de que la caja de jubilaciones se quedará en Chubut (“Nadie se quedará con los ahorros de los chubutenses”) fue el anuncio más fuerte.

Después, todo fue una larga enumeración de problemas y presuntas soluciones.

Una de ciencia ficción

“Hoy estamos mejor que en el 2015”, dijo el viernes el presidente Mauricio Macri en su último discurso (al menos de este mandato) en el Congreso Nacional, y despertó los aplausos irónicos y hasta las carcajadas de la oposición y de buena parte de los argentinos, que tomaron el particular análisis presidencial como un chiste (de mal gusto).

Junto a otras frases vergonzosas (“bajamos la inflación”, por ejemplo), el jefe de Estado protagonizó uno de los mayores papelones que haya hecho un Presidente en el discurso de apertura de sesiones ordinarias. No porque haya sido la primera vez que un mandatario haya tenido que enfrentar un auditorio hostil luego de un pésimo año de gobierno, sino por el cinismo con el que fue escrito el discurso que pronunció.

La estrategia de Jaime Durán Barba, el “gurú” ecuatoriano del Gobierno nacional que lo convenció al Presidente de dar un discurso con tono electoral, jugando a generar expectativas en la gente prometiendo un “futuro mejor” con datos del pasado que podrían ser refutados por un chico de jardín de infantes, pareció una jugada muy arriesgada.

Que sus votantes acepten seguir apoyándolo a pesar de sentir en carne propia cómo se degrada su situación social y económica, vaya y pase. Pero que Macri parezca tomarles el pelo tratando de convencerlos de que están mejor, parece demasiado.

Al resto, al que hace tiempo se dio cuenta que todo va cuesta abajo sin frenos, el discurso le cayó como una roca sobre el pie. Fue casi una provocación.

El tono “épico” que Macri le dio a sus palabras, sobre todo al final del discurso, en medio de los aplausos guionados de los legisladores de Cambiemos, pareció sacado de un capítulo de Los Simpsons.

Todo el discurso presidencial fue “acting” de cinismo extremo, de descaro e impudicia. Quienes hoy llevan las riendas del país viven una realidad distinta a la del pueblo. Por más que Macri haya gritado al final como un desaforado “¡Vamos argentinos, vamos Argentina!”, no tiene la más pálida idea hacia dónde van los argentinos ni hacia dónde hay que llevar al país.

Fuente: Diario Jornada.