13 - noviembre - 2019

Secuestro y desaparición de Ángel Bel: un duro cara a cara entre una testigo y el acusado Tito Nichols

En el segundo día de juicio, la testigo Lidia Rocamora y el imputado Tito Nichols se cruzaron ante el tribunal.

Por primera vez en el juicio por el secuestro y la desaparición de Elvio Ángel Bel, una testigo acusó al comisario retirado Tito Nichols de haber ejecutado inteligencia interna y de haber participado de operativos ilegales. El imputado, sorprendido por la declaración, pidió dar su versión. Todo terminó en un careo que ordenó el presidente del Tribunal, Enrique Guanziroli. Ambos sostuvieron sus versiones.

Exempleada de administración de Policía, Lidia Rocamora fue amiga de Bel. Contó que después de la desaparición, en mayo de 1977 un grupo de tareas integrado por Nichols, Alberto Bastida, Aníbal Gallegos y Heriberto Rodríguez Watson allanó su casa de calle Conesa en Rawson. “Me revolvieron todo y se llevaron libros”. Su marido, Noel Coronel, era del Partido Comunista. “Fui perseguida por la actividad de mi esposo y continuamente me vigilaban la casa”. Dijo haber visto a Nichols y a Bastida “merodeando” su vivienda. “Él trabajaba en el despacho del jefe de Policía, como Bastida y Gallegos. Mis compañeros me decían que tuviera cuidado”.

“Nichols no simpatizaba conmigo para nada, me daba cuenta por sus reacciones; siempre estaba controlando todos los pasos que hacíamos. Yo me sentía observada”.

Rocamora hablaba y el murmullo crecía en el Casino de Oficiales de la Unidad 6. Explicó que “por supuesto” que su relación con Bel le generó problemas. Cuando el defensor Sergio Oribones le preguntó por qué nunca había contado estos episodios, fue seca: “Porque tampoco me lo preguntaron”. Luego lo señaló a Nichols con el dedo: “Usted estuvo en mi casa, ¿ahora no se acuerda?”.

“Yo los veía pasar, me estaban custodiando –insistió- Daban vueltas por el mismo sector y los vecinos me avisaban que el patrullero había pasado por mi casa. Eran muy conocidos en Rawson. Había quedado asustada por el allanamiento, tenía hijos chicos. Hasta el allanamiento, mi vida era normal”.

El Tribunal retiró a Rocamora de la sala para que Nichols se defendiera. “Quedé estupefacto porque francamente ni sé dónde vivió la señora, sólo sé que fue empleada policial pero conmigo no trabajó jamás y no tuve ningún problema con ella”.

El acusado dijo que el testimonio “es demasiado llamativo” porque Gallegos era jefe de la Unidad Regional, Watson de la 1ª en Trelew, y Bastida, director de la Escuela de Cadetes. “No trabajamos juntos y no tenían competencia en Rawson, no pudieron haber venido a un allanamiento, es totalmente ilógico”.

“Nunca jamás hablé con esta mujer ni le allané la casa. En el 77 no tenía ninguna tarea operativa a mi cargo, estaba en Informaciones Policiales”. Nichols recordó que el propio Coronel, el esposo de la testigo, nunca lo mencionó.

Las versiones chocaban. El juez los sentó frente a frente y liberó la discusión:

-¿Dice que no me conoce?, si nos veíamos seguido cuando usted venía de Jefatura, ¿no se acuerda? Después del allanamiento seguían dando vueltas por mi casa, porque vivo en el mismo lugar hace 50 años y ustedes pasaban controlando…

-No sé dónde vive usted, reconozco que trabajaba en Policía y conozco su nombre a través de mi esposa, su compañera de trabajo…claro que me puede haber visto dando vueltas en Rawson, si yo vivía ahí…su marido acaba de decir que conmigo no tuvo problemas jamás, ¿o sea que allané la casa y para usted era un problema y para el señor no?

-La que estaba en mi casa era yo con mis hijos cuando ustedes fueron a allanar, me invadieron toda la casa, la dieron vuelta…

-Estamos dirimiendo esto entre nosotros, dígame una fecha así le respondo donde estaba…

-Está muy desmemoriado, no me conoce a mí ni si trabajamos juntos en esa época…

-Gracias a Dios tengo muy buena memoria.

-Y no se acuerda la fecha del allanamiento…

-No lo hice, señora, no participé…ninguno en ese tiempo tenía jurisdicción para actuar en Rawson, no les correspondía…

-Ustedes estaban, ¿si no quienes allanaban? La Comisaría no iba a allanar una casa, la autoridad la tenían los funcionarios de más categoría, que era usted y los otros que lo secundaban…

-Señora, en ese año tenía menos jerarquía que el jefe de la Comisaría de Rawson, yo era un comisario recién ascendido, rotundamente le digo que jamás allané su casa, le estoy demostrando la imposibilidad de que lo hayamos hecho de esa forma, ya dije dónde estaba cada uno.

Tensión entre militantes y familiares

Tras su testimonio la audiencia terminó y Lidia Rocamora saludó a Hilda Fredes entre el público. Su relato acusando a Tito Nichols había dejado un ambiente tenso. En ese instante Rocamora dijo una frase impropia para con el comisario retirado y la nuera del imputado, sentada a un metro, escuchó, reaccionó y le pidió sensatez. Molesto, intervino Alejandro, hijo de Nichols. Discutió fuerte cara a cara con Gonzalo Pérez Álvarez y voló un manotazo del familiar que no llegó a ser trompada.

Nadie se quedó sentado. Todos pedían respeto al resto pero nadie cedía. De un lado, algunos gritaban que “llevan la represión en el alma, son todos iguales, padres e hijos”; del otro rincón pedían reflexión “porque es una situación muy difícil para todas las familias”.

La Policía debió plantarse para separar, cuerpo a cuerpo. Tito se levantó para terciar pero su defensor le pidió que se quedara sentado. “Podés ir preso”, le advirtió. En el revuelo el juez Enrique Guanziroli ordenó desalojar la sala y frenó en seco a Pérez Álvarez, que caminó al estrado porque quería denunciar las amenazas: “Haga la denuncia donde corresponda, no acá”, le espetó el magistrado.

Afuera, Fredes y la nuera de Nichols charlaron frontales y pusieron calma. La familia del excomisario debió aguardar dentro de la sala hasta que no quedara ningún militante. Con tantas amenazas veladas, los efectivos tenían temor de algún encontronazo en la vereda. Un cordón policial se instaló en la puerta del Casino de la U-6. Los uniformados le pedían retirarse pero Pérez Álvarez insistía con que no se iría ya que “no fui yo el que quería pegarle a nadie”. Una camioneta familiar se llevó a Nichols y a su hijo.

FUENTE: DIARIO JORNADA.