3 - marzo - 2019

RGB y nosotras, las mujeres juezas

Columna de AMJA Chubut: igualdad en la diversidad.

Cuando me preguntan sobre cuándo habrá suficientes mujeres en el Tribunal Supremo y contesto ´Cuando sean nueve´, la gente se sorprende. Pero ha habido nueve hombres y nadie lo ha cuestionado nunca”.
Estas palabras corresponden a Ruth Bader Ginsburg, una de los nueve miembros del Tribunal Supremo de Estados Unidos, la segunda mujer en acceder a ese tribunal, el cual en la actualidad cuenta el máximo número de mujeres en toda su historia – después de Ginsburg (1993), han sido nombradas Sonia Sotomayor (2009) y Elena Kagan (2010)-. Ginsburg ha sido la juez número 107 en la historia del Tribunal, lo que significa que de los 106 anteriores, 105 fueron hombres y solo Sandra Day O’Connor – nombrada en 1981- la precedió.
Escribo sobre esta mujer, a la que siento como compañera en la profesión, pero también en los intereses y valores comunes sobre la justicia, la igualdad y el Estado de Derecho, porque estos días se ha estrenado un biopic sobre ella (“On the basis of sex” – “La voz de la igualdad”/”Una cuestión de género”). Más allá de ser una película al puro estilo “americano”, con esa cierta dosis edulcorada destinada a su comercialización, pone de relieve un fenómeno inusual y, por ello, admirable: una mujer que, además, es juez, que ha llegado al más alto tribunal del país, es admirada por el público en general. Busquen los lectores en internet y verán el enorme eco e impacto de la figura de “Notorius RGB”.
Las palabras de RGB que encabezan este texto revelan de manera exacta cuál es la realidad de la igualdad de oportunidades de las mujeres. Ni siquiera en las más altas instituciones de los estados democráticos las mujeres hemos conseguido ser tratadas de forma igual.
Sólo el 16% de los miembros del Tribunal Supremo de España somos mujeres. La primera de ellas accedió a ese rango en el año 2002. Y, sin embargo, el 54% de los jueces de todo el país son mujeres. ¿No es lícito preguntarse cómo pueden darse esos desequilibrios?. En la justicia, en la administración, en las empresas… el techo de cristal es a menudo un techo de cemento.
Es más: como le pasaba a Ginsburg, es frecuente oír el comentario –o, lo que es peor, el chiste fácil- sobre el aumento del número de magistradas en nuestro Tribunal Supremo. En el mes de abril de 2018 por vez primera en la historia de nuestra corte suprema, creada por la Constitución de Cádiz de 1812, se dictó una sentencia por una composición de jueces exclusivamente femenina. Hasta ese momento no había sido posible que en una misma sala jurisdiccional se alcanzara el número de cinco. Que la justicia pueda ser impartida sólo por mujeres genera una extraña sensación a más de uno; quizás piensan –aunque no osen ya decirlo (algo vamos ganando)- que la justicia, como todo los importante en el ámbito de la toma de decisiones, debe seguir estando en manos de hombres. Como decía el decano de Harvard cuando RGB y otras ocho mujeres ingresaron en la facultad de Derecho, estamos “ocupando el puesto de los hombres”.
Sin embargo, un mundo en el que la mitad de la población es vista como ajena a la posibilidad de cualquier forma de poder y cuyo acceso al mismo se ve sólo como una anécdota, no es, desde luego, un mundo igualitario. No voy a cansarles recordándoles la evidencia: la situación de las mujeres en todo el planeta en términos de victimas de la pobreza y de la violencia. No hay perdón para eso.
Pero tampoco hay verdadera solución si, aunque se consiguiera la utopía de eliminar esas lacras, las decisiones las siguiera adoptando sólo la parte masculina de la humanidad. Algo patológico sucede en una sociedad cuando la mitad gobierna siempre y la otra mitad es siempre gobernada. Lo máximo que conseguiremos es que la primera sea tan bienintencionada que trate a la segunda de forma protectora y tuitiva… y, así, la disminuya y la aparte todavía más de cualquier participación en la toma de decisiones.
En el caso de los Estados Unidos contra Virginia (1996), nuestra RGB escribió que las generalizaciones sobre “cómo” somos las mujeres y las presunciones sobre lo que es más “apropiado” para nosotras nunca pueden admitirse para justificar la negación de oportunidades para las mujeres.
El Estado de Virginia financiaba una escuela de secundaria de carácter militar sólo para muchachos, lo que, para el gobierno federal era contrario a la igualdad de la constitución de Estados Unidos.
Virginia argumentó que estaba justificado “por la diferente capacidad física” de los hombres respecto de las mujeres y que, a su vez, también financiaba un centro educativo de secundaria para muchachas, dedicado a las artes. La sentencia del Tribunal Supremo fue contundente: la finalidad de “producir ciudadanos soldados” no es “inherentemente inadecuada” para las mujeres.
La excusa de “las diferentes capacidades” ha creado, no sólo aquel techo para la superación de las mujeres, sino también un suelo pegajoso, del que es imposible desengancharse para subir los peldaños de la escalera de la vida.
Aprovechen la ocasión que nos brinda el arte cinematográfico para conocer a RGB ahora que estamos en el entorno del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer.

Fuente: Diario Jornada.