10 - febrero - 2018

Para la mujer de Donnini, “hay algo y alguien grande detrás” de la causa

El tribunal que enjuicia al taxista Dante Donnini realizó, durante la mañana del viernes, una inspección ocular en el lugar donde fue hallado el cuerpo de Diana Rojas. Las juezas Patricia Ásaro, Marcela Pérez y Patricia Reyes, junto a los fiscales y los abogados de la Defensa y la Querella, recorrieron varios lugares del camino cercano a la Ruta 1.
Por su parte, el jefe de Criminalística, Julio Canteriño, así como el ex médico forense Herminio González, quienes habían testimoniado el día anterior, fueron guiando a los funcionarios. El acusado también estaba presente en la diligencia, que se desarrolló bajo un fuerte operativo de seguridad.
“Fue solicitada para que los jueces vean el lugar”, detalló el fiscal Jorge Bugueño, que lleva adelante el juicio junto al fiscal Daniel Báez.
El juicio prosiguió durante la mañana, con los testigos citados por la defensa de Donnini, entre ellos la esposa del imputado, Soledad Myriam Reynoso. En su declaración, Reynoso fue taxativa con los detalles respecto de la versión que fuera esgrimida por Donnini, la segunda vez que declaró, cuando dio cuenta de una serie de acontecimientos que ocurrieron aquella mañana del 16 de mayo de 2016 y dijo haber sido amenazado “para que no dijera nada”.
Antes de que comenzara a prestar testimonio, el abogado de la Defensa, Martín Castro, solicitó nuevamente al Tribunal “un CD faltante con (los registros de) la cámara instalada en Juan Muzzio y Simón de Alcazaba, precisamente en la parada de taxis “Ruca Hue”; el mismo había sido requerido a la Brigada de Investigaciones, que habría tenido en su poder todos los registros, excepto ese faltante.

“Mi marido no mató a nadie”

En este contexto, Soledad Miriam Reynoso contó que está casada con Donnini y que tienen tres hijos, de 27, 26 y 20 años, respectivamente; inició su declaración afirmando que “quiero que se sepa la verdad” y afirmando que “mi marido no mató a nadie”.
Sobre el 17 de mayo, día en que fue hallado el cuerpo de Diana Rojas, mencionó que entre las 8 y las 15 horas se encontraba en su lugar de trabajo. Seguidamente, almorzó con su hijo y su marido, “tomamos mate, vimos televisión y luego cenamos”.
Momentos más tarde, vio “en Facebook la noticia” sobre la muerte de la estudiante y, al mostrarle a Donnini una foto en vida de la víctima, dijo que éste manifestó: “No te puedo creer, yo a esta chica la llevé en un viaja hoy a la mañana, la dejé en Solana”.
Luego, Reynoso comentó que el taxista “me entró a contar lo que pasó”, en virtud del relato que Donnini expusiera durante su declaración, al frente del juez Marcelo Orlando.

La versión de 4 meses después

La esposa del imputado contó ante el Tribunal, la versión que dio el taxista cuatro meses después de estar detenido, lo que su marido le había relatado aquella noche. En principio, Donnini recibió un llamado de la operadora de taxis para acudir a un viaje solicitado en Libertad el 300.
Una vez allí, “no estaba seguro si (Diana Rojas) salía de su casa o si vino de otro lado”, teniendo en cuenta la presencia de una camioneta blanca que se encontraba detrás del taxi, la cual tocó bocina, aparentemente para que el chofer abriera el paso; inmediatamente, la estudiante subió al coche de alquiler.
Debían dirigirse hasta el destino indicado por Diana, sobre la calle Marcelo T. de Alvear, pero antes de llegar a destino, la joven le habría pedido ir hacia la calle Chubut, “a la vuelta de La Anónima”, donde escucharon una bocina y la pasajera “miró hacia ambos lados”.
Repentinamente, “un Ford Ka gris, con vidrio polarizado, tocó bocina pero, como (Donnini) no se frenó, le cruzaron el auto”, prosiguió Reynoso en su declaración, agregando que Diana bajó el vidrio y, en voz baja, “decía ‘no la tengo’ o ‘no los tengo’. Ella no quería bajar o hablar con él”, por el hombre que se había acercado a la ventana del taxi.

La coartada para el ADN

Sin embargo, según el relato de la testigo, el individuo abrió la puerta, la agarró y, en ese mismo momento, Diana Rojas se aferró al brazo derecho de Donnini, por lo que el hombre “cerró con bronca la puerta”.
Al querer sacarse el cinturón el taxista, “se abrió la puerta izquierda de atrás, alguien le pega en la cabeza y le dice ‘mirá para adelante y andá para Solanas”, continuó.
A su vez, los sujetos, que ahora eran dos, golpearon al chofer y le sustrajeron su riñonera y teléfono celular; al llegar a la entrada del barrio Solana, le pidieron a Donnini que apagara el motor y que siguiera mirando hacia adelante.
“Están locos”, decía Diana Rojas, según el relato de la testigo, quien a su vez afirmó que el taxista escuchaba que “el hombre de atrás enviaba y recibía mensajes”.
Toda la situación duró entre 20 y 30 minutos, de acuerdo a lo detallado.
Seguidamente, se escuchó el ruido de una “camioneta grande”, y, mientras miraba para adelante, Donnini había dado cuenta de que bajaron dos personas del vehículo; una de ellas “abrió la puerta del taxi y sacó a la chica”, mientras que la otra “abrió el baúl y revolvió; ahí estaban la ‘famosa’ rejilla y la soga”, indicó Reynoso.

El secuestro que no denunció

Al no encontrar lo que aparentemente buscaban, el hombre que había bajado a Diana volvió hacia el auto y dijo “acá está”, agarrando la cartera de la joven.
“Hasta el día de hoy, la cara del que la quiso bajar no me la olvido más”, comentó Reynoso que le dijo su marido al relatarle lo que aparentemente había ocurrido.
Dicho sujeto era “de unos 56, 57 años, calvo, con una campera ‘de esas infladas’, con cachetes y nariz largos y con un aire al ‘Puma’ Goity”, sostuvo la esposa del imputado, agregando que su esposo le dijo que éste llevaba “un reloj carísimo, lo cual notó porque él es fanático de los relojes”.
El otro individuo “llevaba una campera de cuero y estaba rapado, peladito, aunque siempre lo vio de espaldas”, agregó. Seguidamente, al haber bajado a Diana Rojas del taxi, le dijeron a Donnini “ahora volvemos a la ciudad”, prosiguió la testigo en su declaración, añadiendo que, al llegar a la intersección de Hansen y Marcelo T. de Alvear, pidieron al chofer que frenara nuevamente el motor y, al devolverle la riñonera y el celular, el sujeto que viajaba con él (ya que el restante se había quedado en el ingreso a Solana con la estudiante) le dijo ‘lindas nenas tenés; vos olvídate de lo que viste, porque van a aparecer muertas en un zanjón’, en virtud del fondo de pantalla del teléfono del taxista, que tenía una foto de sus tres hijos; dos mujeres y un varón.

Vendió el celular para pagar el viaje

Siguiendo el curso de su relato, Reynoso contó que su esposo se percató del celular de Diana Rojas al llegar a la parada de taxis del barrio 630 Viviendas (parada “Ruca Hue”), dado que había sentido un ruido bajo el asiento del acompañante, aparentemente alguna notificación del teléfono.
Luego, levantó una pareja y la llevó en viaje hasta la calle Perú, para después realizar otro viaje, esta vez hacia el barrio oeste.
A las 12:30 horas del mismo día, según el testimonio, Donnini llamó a su sobrino (de nombre Gabriel) “para ver si conocía a alguien que desbloquee el celular”; luego, se contactó con Cristián González, un compañero de la parada de taxis, a quien le envió un WhatsApp con una foto de dicho celular, ofreciéndoselo con la intención de saldar el viaje que había realizado junto a Diana Rojas, “ya que el reloj permaneció siempre prendido y marcaba algo más de 300 pesos; él tenía que rendir esa plata al dueño del taxi”, aseguró la esposa del acusado.
Tras ofrecerle el teléfono a González, éste se lo dejó y fue a buscar a su hija más chica, que trabajaba como niñera en una vivienda de las inmediaciones de Aaron Jenkins y Morgan.
Como Donnini había estado trabajando desde la 1:30 de la madrugada del mismo día, se quedó dormido en el taxi y fue despertado por la dueña de la casa, de acuerdo a lo precisado por su esposa sobre aquél día, siempre según lo que él le habría comentado al confesarle el derrotero vivido horas atrás.
Seguidamente, el chofer fue a lavar el auto al lavadero “El Coirón”, para luego dejarlo con el tanque lleno, ambas condiciones que debían cumplirse a diario al momento de entregar el móvil; finalmente, entregó el vehículo al propietario, más la cuenta con el dinero del día y llevó a la hija a la casa.

Amenazas desde la cárcel

Preguntada por la Defensa sobre qué le respondió su marido cuando le cuestionó por qué no iba a denunciar lo ocurrido, Reynoso manifestó: “Me preguntó si a mí me parecía que podíamos hacer una denuncia”, dando a entender que el chofer tenía miedo a represalias y agregando que éste dijo “son unos animales, como la dejaron”.
Por otro lado, la esposa del imputado sostuvo que recibió dos amenazas a través de mensajes de texto: “La primera, el mismo día que los psicólogos entrevistaron a mi marido. La segunda, a la semana de ello”, aseguró, agregando que “le comenté al doctor (Gustavo) Castro (su abogado en aquél entonces), y él también había recibido una amenaza pero no les daba importancia; a la segunda vez, me asusté en serio”.
Además, manifestó que realizaron una denuncia por ello, pero que “el doctor Castro no la presentó como prueba” y criticó que “dijeron que las amenazas vinieron del Centro de Detención, pero nadie me supo explicar de qué teléfono, secuestraron como cinco teléfonos”, al tiempo que lamentó que, tras aquellos episodios, “el fiscal Báez no me llamó ni para decirme ‘buen día’”.

Citado por la División Investigaciones

El 18 de mayo de 2016, un día después del hallazgo, según lo atestiguado por Soledad Myriam Reynoso, Donnini “fue a trabajar como todos los días; lo llamó Cristián González y le dijo que ya había podido desbloquear el teléfono, luego de lo cual le dio 1.000 pesos”.
Seguidamente, el taxista le comentó que “me llamaron de la Brigada de Investigaciones” y que “voy a decir que la subí, que se bajó en la calle Alvear y nada más”, lo cual habría fundamentado en su miedo a sufrir represalias por parte de quien dijo lo habían llevado obligado hasta Solana, junto a la pasajera.
Acto seguido, Donnini concurrió a prestar declaración y, al volver, le afirmó que “no voy a contar la verdad, conté hasta ahí nomás”.
Hubo una segunda llamada de la Brigada de Investigaciones y, al concurrir a dicho destacamento, Reynoso comentó que se encontraba en el lugar el fiscal Jorge Bugueño y el médico forense Herminio González, quienes “le sacaron la ropa y lo revisaron”.
Poco después, volvió a la casa y desde la Brigada de Investigaciones llamaron nuevamente para anticiparle que, al otro día a las 13 horas, iban a hacer una reconstrucción del recorrido realizado con la pasajera en cuestión. La detención se produciría al día siguiente, jueves 19 de mayo.

Culpan a los perros por los rasguños

Consultada sobre las heridas que había notado los investigadores en el cuerpo de Dante Donnini, su esposa sostuvo que “los días francos le encantaba estar tirado en el sillón, viendo películas con las perras” y precisó que en la familia tienen tres canes, un maltés y dos caniches; uno de estos últimos, de color negro, sufre ataques de epilepsia.
Al haberse quedado dormido en el sillón y dicho animal haber querido subir, habría rasguñado en la zona abdominal al taxista, según Reynoso ofreció en su testimonio.
Otro momento tenso de la audiencia tuvo lugar cuando la Defensa preguntó a la mujer si Donnini “tenía alguna relación amorosa (extramatrimonial) o recibía sexo por dinero”.
Allí, la testigo reconoció que “Hace 10 años sí tuvo una relación, me enteré, estuvimos un tiempo separados, él estuvo cuatro días durmiendo en el auto”, pero adujo dicha cuestión a “los 30 años de matrimonio que llevamos”.

“Que me haya sido infiel no significa que sea un asesino”

Sobre el trapo rejilla hallado con semen en el lugar del hecho, que aparentemente estaba antes en el baúl del auto cuando el taxista fue interceptado –según el relato de la testigo–, Reynoso relató: “Dante me dijo que esa noche había estado con una mujer de la noche. Pero que me haya sido infiel no significa que sea un asesino”.
A su vez, afirmó que la trabajadora sexual le había practicado sexo oral al chofer, quien utilizó dicha rejilla para limpiarse y luego la dejó en el baúl, lo cual explicaría el
Finalmente, visiblemente emocionada, Reynoso lamentó que “hace dos años que estamos viviendo este infierno, cayó él como pudo haber caído cualquier taxista”, además de fundamentar que en su momento Donnini no denunció lo ocurrido porque “él pensó en la vida de sus hijos”.
Preguntada sobre si el acusado “es una persona agresiva”, la esposa del acusado puso en relieve que “jamás me insultó y nunca les pegó a nuestros hijos; podremos no haberle dado lujos, pero les dimos una buena educación”, concluyendo que “sabemos que hay algo y alguien grande detrás”.

Declaró como testigo el doctor Guillermo Cosentino

Durante el curso de la mañana, en la audiencia también declaró el doctor Guillermo Cosentino, por entonces docente de la facultad de Derecho de la Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”, casa de altos estudios donde Diana Rojas cursaba el segundo año de la carrera de Derecho.
El testigo no fue interrogado por la Fiscalía ni por la Querella, mientras que la Defensa le preguntó si conocía a la víctima, lo cual afirmó.
En cuanto a si había tenido algún otro tipo de relación más allá de la académica, el testigo lo negó, agregando que mantenían contacto telefónico; él había sido profesor de Rojas durante su paso por la Universidad, y dijo conocerla solamente en dicho ámbito.
Diana Rojas había terminado de rendir la materia que él dictaba, y habían quedado en contacto, agregó.
También, la Defensa le preguntó si conocía la casa de la víctima, a lo cual dijo que no; tampoco conocía a Dante Donnini, según respondió.
Finalmente, le preguntaron que había sentido cuando se enteró de la muerte de la estudiante, y dijo haber tenido “una gran consternación”.

FUENTE: EL DIARIO DE MADRYN