28 - marzo - 2019

Máxima oficial: resistir, con fe hasta abril; luego contraatacar

Confían que en mayo el mercado se estabilizará El Gobierno reconoce que hay una severa crisis de confianza en la estrategia de estabilización, pero se confía en que llegarán los dólares y se podrá controlar la política cambiaria.

Aguantar. Hasta abril. Combatir con las armas ya conocidas y confiar en que la oferta de dólares mejorará desde ese mes. Esperar que terminen las alzas de precios derivadas de la acumulación de incrementos tarifarios. Y luego contraatacar. Esa es la estrategia oficial para las próximas jornadas y que dentro del Gobierno de Mauricio Macri se repite como un credo. Más allá de las dificultades, y de una visible falta de confianza en el público ante el posible éxito de la táctica monetaria y financiera; se afirma y se repite con ahínco que en poco tiempo los primeros resultados positivos comenzarán a verse. Y que para el momento en que los argentinos vayan a votar al próximo Presidente, la situación será mucho mejor y más proclive al optimismo que la actual.

Se asume que este primer trimestre del 2019 es el segundo peor momento económico de toda la gestión de Mauricio Macri, luego del período septiembre- octubre del año pasado. Y que hay algo de culpa en que la situación se perciba como negativa. En primer lugar se reconoce que el país será siempre más castigado que cualquier otro emergente cuando haya movimientos internacionales fuertes. Es lo que sucedió ayer, en una jornada inaugurada con la decisión del gobierno turco de imponer controles de capitales, seguido por la polémica en Brasil por las limitaciones que el Congreso impone a la reforma previsional que impulsa Jair Bolsonaro y que provocó la amenaza de renuncia del ministro de Economía Paulo Guedes (ver pag. 19). Ambas situaciones internacionales derivaron en una nueva crisis para las monedas emergentes, donde el país (sin que haya mediado ninguna novedad local) se contagie y sufra más que ninguna otra la salida de la moneda local a favor del dólar. La mala percepción sobre el corto plazo de los inversores internacionales del mercado de capitales y su decisión de salida a cualquier precio, provocaron el sufrimiento del peso local; y su devaluación de ayer de 2,86%. Sobre este punto, dentro del Gobierno hay una mirada algo optimista. Con el listado de los compradores de dólares de las últimas cinco jornadas sobre la mesa (especialmente las últimas tres), afirman en despachos de la Casa de Gobierno que los que se están yendo del mercado local son fondos de inversión de alto nivel especulativo que ingresaron con el dólar deprimido del período mediados de enero y comienzos de febrero. Y que, en consecuencia, su salida serviría para limpiar el mercado de demanda de dólares locales. Se aseguraba en el equipo económico, que la huida de este tipo de inversores era esperada para antes de las elecciones; pero que, ante el panorama internacional y local (y luego de haber hecho una buena diferencia en pesos), decidieron adelantar la decisión de salida y dolarizar sus posiciones previa transferencia de ganancias al exterior. Según la interpretación oficial, cuanto antes se libere el mercado argentino de estos operadores, más cerca estará la tan ansiada estabilidad cambiaria. Hay otro dato que se aporta desde el oficialismo: los particulares casi no participaron de las últimas corridas contra el peso, por lo que se supone que el proceso dolarizador de esta parte de la sociedad demandante de divisas estaría ya casi al límite. La soledad con la que operaron las casas de cambio demostrarían esta tesis. Por el lado de las grandes empresas, se asegura en el Gobierno que tampoco estarían en una posición de alta demanda de divisas; ya que, se supone, estarían más interesadas en las colocaciones a plazos en pesos a la espera de tener que liquidar aumentos salariales en moneda local, que de demandar dólares caros que luego deberán vender ante la seguridad que, recesión mediante, la llegada de pesos desde el mercado interno se verá más que limitada.

En medio de estas especulaciones sobre la demanda de dólares y sus actores en el mercado; desde el Gobierno se confía en la doble gran apuesta de abril. Por un lado, se insiste hasta el infinito, que desde la semana próxima llegarán los dólares. Primero, lentamente, los de las primeras liquidaciones de la cosecha; luego los del FMI y finalmente los provenientes del resultado positivo entre importaciones y exportaciones. Y que este aumento en la oferta de divisas, hacia mayo, se convertirá en una realidad sólida que le proporcionará al Gobierno armas que hoy no tiene para combatir la defensa de la estabilidad del tipo de cambio. Se reconoce que en el mientras tanto la situación parece complicada y que el contexto internacional y local no ayudan. Y, se habla y protesta todo el tiempo, por el regreso del “dólar histeria” en el país; algo que en Argentina es un insumo básico del comportamiento del mercado cambiario. Cualquiera que quiera gobernar el país y manejar su economía, debe aprender a convivir con esto.

El segundo factor al que se apunta como molesto, es la acumulación de incrementos del cuadro tarifario entre febrero y abril; lo que afecta directamente a la gran meta del gobierno de Mauricio Macri: dominar la inflación. Se considera que el cuadro de aumentos provocará la mitad del alza del IPC en el primer trimestre del año, tendencia que continuará durante abril. Las estimaciones varían, pero se habla de no menos de 7 puntos del indicador que en ese período serán culpa de la decisión oficial de apelotonar los incrementos de luz, gas, agua y transportes en esta época del año; en una estrategia arriesgada para liberar de estas presiones al período electoral que comienza con las PASO del 11 de agosto. El problema que comienza a percibirse en este esquema, es que la presión inflacionaria generada por el esquema de incremento de tarifas (sumada a la presión por el inicio de las paritarias del 2019); podrían ocasionar una nueva generación de efectos alcistas sobre los precios, provocando un efecto alcista extra en el IPC del período junio- agosto. Ni hablar si el factor dólar no se controla y continúa su efecto sobre los precios. Justo el tiempo en que la inflación debería mostrar una baja sólida.

Fuente: Portal Ambito.