16 - mayo - 2019

Macri quiere superar la derrota en Córdoba

Mauricio Macri se tomará un café con Mario Negri. Sucederá esta semana o la próxima y será un intento de cauterizar la herida que dejó en Cambiemos la derrota de Córdoba, donde Juan Schiaretti sacó 57,3 puntos.

Marcos Peña, el jefe de Gabinete, se encargó del ablande de las furias posteriores a la paliza: habló con Elisa Carrió -luego de los mensajes de la diputada sobre la «ingratitud» del gobierno- y cruzó mensajes con Negri.

El lunes, delante de algunos ministros, Peña voceó la señal más contundente. Lo hizo números en mano, tras los 9 puntos que Ramón Mestre obtuvo en Córdoba capital, la ciudad de la que es intendente.

«Agradezcamos que tuvimos de candidato a Negri, porque con Mestre nos hubiera ido mucho peor». apuntó Peña.

El jefe de Gabinete usa una calculadora optimista para leer los datos de las elecciones provinciales y encontrar, en ese ejercicio, elementos que le permitan mantener la expectativa de la candidatura de Macri.

Lo hizo con Córdoba: cotejó que el 57% que cosechó el PJ el domingo es similar a la suma de lo que en 2015 lograron, por separado; Schiaretti (39,9) y Eduardo Accastello (17,2%), como candidato K. 

Peña sostiene también que los 18,9 de Negri y los 11,6 de Mestre se aproximan, acumulados -30,5%-, a los 33,7 que Oscar Aguad obtuvo cuatro años atrás, cuando Macri estaba en ascenso y floreciente y no, como ahora, castigado por la crisis económica y el desgaste.

En su lectura, Peña mixturó esos datos con el regreso de Cristina Kirchner al PJ, un movimiento que, según entienden en la Casa Rosada, confirma la tesis oficial de la hiperpolarización.

No es la primera vez que se hace: se aplicó frente a otras elecciones provinciales y va atado a uno de los principales reproches de la UCR -que verbalizó Carrió- respecto a la estrategia de la Casa Rosada en las provincias.

«Durante tres años dijeron que (la fueguina Rosana) Bertone iba a estar en Cambiemos y ahí está: sacándose fotos con Cristina», se quejó un operador, y citó casos como el de Río Negro, donde la postura del gobierno, a través de Rogelio Frigerio, fue el «destrato» hacia los candidatos cambiemitas.

«En Neuquén van a necesitar al «Pechi» Quiroga, en Rio Negro el apoyo de Lorena Matzen, en Córdoba de Mario Negri y de Ramón Mestre. A todos los negaron, pero los van a necesitar», se quejó un radical y citó, como pésima señal, que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, haya dicho que Cambiemos «no tuvo candidato» en Córdobda.

«Negri la defendió en el Congreso, la defendió cuando la criticó Schiaretti en la campaña y ella ahora dice eso. Tiene razón Carrió cuando dice que son ingratos», agregó.

El Gobierno, mientras tanto, rastrea aristas amables en una elección que para Cambiemos fue un festival de errores y traiciones y que terminó en una inevitable paliza.

Carrió, con los audios ardientes que hizo girar esta semana, puso en escena una crisis local que impacta sobre la Convención de la UCR. La Casa Rosada trabaja, ahora, para apagar el conflicto, impedir que haya doble oferta en agosto y administrar las cuestiones que compliquen más el encuentro radical del 27 de mayo.

Detrás de la ruptura entre Negri y Mestre, cruzada por el factor de Luis Juez y Rodrígo De Loredo, en el Gobierno creen que en Córdoba se midió la entidad del radicalismo rebelde encarnado en Mestre, a quien respaldaron Martín Lousteau y Ricardo Alfonsín.

Allí aparece, además, el nombre de Enrique «Coti» Nosiglia, una de las razones que -según dicen en Córdoba y repiten en Buenos Aires- explican el involucramiento de Carrió en la elección cordobesa junto al diputado Negri.

En la Casa Rosada creen que el ala rutpurista tropezó en Córdoba, que Mestre no abandonará Cambiemos y que con algunos ajustes, Macri logrará el respaldo de la UCR en la Convención de fines de mayo. Desde el radicalismo, emiten un speech que puede leerse casi como un protocolo sobre cómo seguirá la convivencia dentro de Cambiemos.

Aparecen, a grandes rasgos, cuatro puntos que toman como base lo que se resolvió en la convención de Gualeguaychú de 2015, que definió la alianza con Macri y el PRO:

  •  Aquella vez se puso como condición que haya una PASO y un candidato radical -fue Ernesto Sanz. Ahora eso podría repetirse en la medida de que se trate de una elección que sirva a los fines de fortalecer Cambiemos: una decisión táctica, no espasmódica, donde también se tenga en cuenta la representación que tendrá la UCR.
  • Un soporte sobre cómo funcionará la alianza, lo que llaman la «institucionalidad de Cambiemos», lease como una mesa operativa donde estén integrados el PRO, la UCR y la CC para discutir cuestiones de funcionamiento.
  • Un programa de acuerdos básicos, prácticamente un relato de campaña, sobre para qué sostener la existencia de Cambiemos y con qué objetivo. En 2015 fue, recuerda un jefe radical, «evitar que siga el populismo». Pero, además, aspectos ligados a la continuidad y los roles.
  • Establecer un esquema de ampliación de Camibemos pero que siga una lógica y no sea una ráfaga de invitaciones que, en muchos casos, se topan con las negativas. Cornejo con Lavagna, por caso.

Fuente: Diario Clarin