20 - marzo - 2019

Hallan contaminantes orgánicos en ballenas azules del Hemisferio Sur

Investigadores de España, Chile, Argentina y Australia detectaron contaminantes orgánicos en ballenas azules del hemisferio sur. Se trata de sustancias muy conocidas como PCB y el pesticida DDT, entre otras. Los resultados de este estudio realizado en Chile se enmarcan dentro del Proyecto Alfaguara del Centro de Conservación Cetácea.

Los resultados del estudio fueron publicados en la revista especializada Science of the Total Environment y contribuyen a evaluar su estado sanitario y resaltan la importancia de las ballenas como centinelas de la salud del océano. La iniciativa forma parte del Proyecto Alfaguara (ballena azul), realizado por el Centro de Conservación Cetácea de Chile en el noroeste de la Isla Grande de Chiloé, en la cual participa el Dr. Mariano Sironi, científico argentino del Instituto de Conservación de Ballenas (ICB).
El Dr. Juan Muñoz-Arnanz, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas en Madrid y autor principal de la publicación, describe que “en el laboratorio realizamos una serie de procesos sobre 40 muestras de 37 ballenas azules para extraer y medir por cromatografía de gases y espectrometría de masas los contaminantes orgánicos. Todos los COP investigados (PCB, PBDE, DDT y HCB) fueron encontrados en todas las muestras analizadas, poniendo de relieve la ubicuidad y capacidad de transporte a larga distancia de estos contaminantes. Los mayores niveles registrados fueron de PCB, seguidos de DDT, HCB y PBDE, respectivamente. Las concentraciones medidas de todos estos COP fueron, sin embargo, menores que las registradas en ballenas azules del hemisferio norte, lo cual está en concordancia con el menor grado de contaminación descrito en el hemisferio sur.” 
Los contaminantes orgánicos persistentes (COP o persistent organic pollutants, POPs, en inglés) son sustancias generadas por el ser humano y son una amenaza para la salud pública y para los ecosistemas. Los COP incluyen sustancias muy conocidas como los PCB y el DDT, usado mundialmente como pesticida. Además de su toxicidad, se caracterizan por su transporte a largas distancias, su persistencia a lo largo del tiempo y porque se bioacumulan, es decir, se concentran en los niveles superiores de las redes alimentarias. Así, predadores tope del ecosistema marino como las orcas, y también otros cetáceos que son muy longevos como las grandes ballenas, pueden acumular estos compuestos tóxicos en sus cuerpos, en particular en la grasa.
El Dr. Muñoz-Arnanz resalta que “las hembras tienen niveles de contaminantes menores que los machos, probablemente debido al traspaso de estos compuestos lipofílicos a las crías a través de la leche.”
¿Cómo se mide el nivel de contaminantes en las ballenas?
Todos los estudios modernos sobre las ballenas pueden realizarse mediante técnicas no letales. Los contaminantes orgánicos se acumulan principalmente en la grasa. Por ello, los investigadores colectaron pequeñas biopsias de grasa y piel de ballenas azules en el noroeste de la Isla Grande de Chiloé. El Dr. Mariano Sironi, director científico del Instituto de Conservación de Ballenas de Argentina y coautor de la publicación, describe la técnica usada en el mar: “Con el bote de investigación Alfaguara nos acercamos a las ballenas cuando salen a la superficie a respirar. Con una ballesta disparamos un dardo de 5 milímetros de diámetro que toma una pequeña muestra de piel y grasa superficial del lomo de las ballenas. Cuando el dardo rebota, queda flotando en el agua y lo recogemos desde el bote.” 
Esta técnica es ampliamente utilizada en todo el mundo, dado su efecto mínimo sobre los animales y la gran cantidad de información que puede obtenerse con apenas un gramo de tejido. “En casi todos los casos, las ballenas no muestran cambios durante el muestreo, y continúan con su comportamiento habitual, que en la zona de Chiloé es principalmente la alimentación a base de krill”, agrega Sironi. 
Las muestras son conservadas en distintos químicos o bien se congelan, según con qué fin serán analizadas. En este estudio, la piel se utilizó para determinar el sexo de las ballenas y la grasa para medir los niveles de contaminantes. (Fuente: Instituto de Conservación de Ballenas, ICB).

Fuente: Diario Jornada.