25 - septiembre - 2017

En un mes comienza el juicio por el femicidio de Diana Rojas

El próximo 23 de octubre tendrá lugar el comienzo del juicio oral y público por el femicidio de Diana Verónica Rojas, la estudiante oriunda de Entre Ríos, de 25 años, quien fue hallada muerta el 17 de mayo de 2016, en un descampado ubicado a la vera de la Ruta Provincial 1.
El Tribunal estará integrado por las juezas Patricia Ásaro, Marcela Pérez y Patricia Reyes, y la causa tiene, al momento, como único imputado al taxista Dante Donnini, quien está acusado de “homicidio criminis causae” y “femicidio”, con lo cual, en caso de ser hallado culpable, podría enfrentar la pena de prisión perpetua.
La acusación se encuentra a cargo de Jorge Bugueño, por parte del Ministerio Público Fiscal, al tiempo que el letrado Carlos María Villada es querellante por parte de la familia de Rojas; por su parte, los abogados que patrocinan a Donnini son Carlos Del Mármol y Gustavo Castro.

Declararán más de 70 testigos

Está previsto que, durante el proceso, declaren nada menos que 72 testigos, al tiempo que las principales pruebas sobre las cuales la Fiscalía y la Querella basan su hipótesis contra el acusado son de carácter científico y están ligadas a los cotejos de ADN realizados sobre la ropa de la víctima, su cabello y distintos efectos personales, lo cual arrojó resultado positivo y coincidente con rastros genéticos de Donnini.
El cuerpo de Diana Rojas fue hallado el 17 de mayo y presentaba seis heridas de arma blanca; según las pericias realizadas por el Cuerpo Médico Forense en el acusado, éste tenía rasguños en sus brazos y en su rostro, y según el informe elaborado por el genetista Néstor Basso, del CCT Conicet-Cenpat, se constató la presencia de ADN de Donnini en las uñas, el pelo y la ropa de la joven asesinada.
Por otra parte, se halló un trapo rejilla con semen en el lugar donde fue encontrado el cuerpo, y una soga que tenía ADN de la víctima y del taxista. Según lo planteado por el médico forense, la joven de 25 años habría intentado defenderse de un intento de agresión.

La versión del imputado

Dante Donnini no declaró inicialmente, cuando fue detenido, luego de que fuera allanado su domicilio del barrio Roca dos días después del cruento hallazgo a la vera de la ruta provincial que une la ciudad de Puerto Madryn con Rawson; lo hizo meses después, donde contó una versión distinta de los hechos y aseguró que, una vez que Diana se subió al taxi, a metros de donde vivía (un departamento de la calle Libertad, en la zona sur de la ciudad), pidió ir hasta una determinada dirección, a metros de la cancha del club Brown, lugar allí donde habrían sido abordados por dos o más sujetos que se movilizaban en un “Ford Ka gris”, uno de los cuales habría forcejeado con la joven.
Desde allí, se habría sumado un utilitario y ambos, chofer y pasajera, habrían sido conducidos hasta dicho descampado, siendo aquella la última vez que Donnini habría visto a la mujer con vida, según su relato.
También, el taxista refirió haber sido amenazado para que no contara nada de lo ocurrido a las autoridades; de este modo, justificó no haber declarado inicialmente para contar su versión de los hechos.
En otro orden, la esposa del acusado también refirió haber recibido amenazas en su teléfono celular, donde desconocidos habrían amenazado de muerte a su marido; Miriam Reynoso había manifestado, tras realizar la denuncia en la Fiscalía, que “recibí varios mensajes de texto en los que me decían que me fijara en lo que iba a decir mi marido, porque si no me lo iban a entregar degollado”.
Allanamientos realizados en el Instituto Penitenciario Provincial, situado sobre Ruta Nacional 3 y donde se encuentra alojado Donnini, dieron cuenta de que los mensajes habían sido transmitidos a través de una antena a la cual dicho establecimiento se encuentra afectado, aunque no trascendió, de manera oficial, a quien pertenecía la línea y quién o quiénes habrían sido los responsables de dichos llamados.

“Un año sin Diana”

El perfil público de Diana Rojas en Facebook se convirtió, desde que la joven oriunda de Entre Ríos fue hallada muerta en Puerto Madryn, en un espacio donde sus conocidos, amigos y familiares recordaban a la estudiante de Derecho y donde, al día de hoy, continúan pidiendo Justicia, en el marco de un crimen que estremeció a la comunidad local.
El 17 de mayo pasado, habiéndose cumplido un año desde su asesinato, una de sus amigas más cercanas la recordó con un sentido mensaje: “A medida que iba pasando la tarde-noche de aquel 17 de mayo hace un año atrás, ‘todos’ nos íbamos enterando de lo que le habían hecho a Diana. Fue una noche demasiado confusa en la cual no había una sola persona que entendiera porqué había pasado lo que pasó. Hoy, un año después, seguimos sin entender por qué Diana fue asesinada, sabiendo también que nada justifica el no tenerla ya con nosotros. Pudo haber pasado un año, pero un año en la vida de una persona prácticamente no es nada de tiempo, y nosotros seguimos con nuestro luto. Extrañándola. Enojados. A veces sonriendo cada vez que la recordamos, y otras veces llorando su memoria. Lo peor que nos puede suceder es caer en la realidad. Una cosa es saber que Diana ya no va a volver con nosotros, pase el tiempo que pase, y otra diferente es entender y sentir la realidad de ya no tenerla a nuestro lado. Por eso su triste muerte, un femicidio, tiene que servir para la concientización, para el cuidado y el respeto de toda una sociedad. Agradecemos profundamente a aquellas personas que tienen a Diana como emblema; aunque no la hayan conocido o la hayan conocido poco, siguen su espíritu de superación, responsabilidad y alegría”.

Repercusión y #NiUnaMenos

El crimen de Diana Rojas encendió reclamos respecto de la violencia de género tanto en Puerto Madryn como así también, en Nogoyá, localidad entrerriana de la cual la víctima era oriunda.
Las sucesivas marchas de vecinos y organizaciones dedicadas al abordaje de dicha problemática, elevaron a la Justicia un pedido que aún continúa haciendo eco en el colectivo social, pese a las discusiones de carácter técnico-judicial sobre si lo ocurrido el 17 de mayo de 2016 fue, efectivamente, un femicidio, o bien si se trató de un homicidio, por cierto, brutal y sin precedentes en Madryn.
Diana tenía 25 años y hacía menos de dos se había radicado en la ciudad del Golfo, donde buscaba convertirse en abogada; para ello, había ingresado a la carrera de Derecho de la Universidad Nacional de la Patagonia “San Juan Bosco”, donde cursaba el segundo año al momento en que fue asesinada.
La última vez que había sido vista por sus compañeros, según testimonios, había sido la noche luego de rendir un examen en la Facultad de Ciencias Jurídicas.
En su última publicación en su perfil público de la red social Facebook, se había referido a su “futura felicidad”, al tiempo que, días atrás, se había definido a sí misma de manera poética y contundente, en tercera persona: “Ella es muy tranquila o muy loca. Ella toma las cosas muy en serio o toma las cosas como si no tuvieran importancia. Ella es muy sensible o tiene un corazón de piedra. Ella odia con cada fibra de su ser o ama con cada pedazo de su alma. Era todo o nada. Ella no cree en los intermedios”.