23 - diciembre - 2016

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Deportivo Madryn derrotó a Ferro por 91-82 en la última final de la ABECh y se convirtió en el mejor equipo del 2016, al ganar el Apertura y el torneo Clausura. Hubo fiesta en el Luján Barrientos, con presencia de 1.200 simpatizantes.Deportivo Madryn le ganó a Ferrocarril Patagónico 91-82 el quinto y último juego de la Final del Torneo Oficial de la ABECh y se consagró campeón y cerró otro gran año ya que había ganado el Apertura. El partido tuvo un marco de público estimado en 1.200 personas. Fue un gran partido, cargado de emotividad e intensidad y sin tanto buen juego. Con más de 1.200 personas presenciándolo como pocas veces se ha visto en los últimos años y dándole el marco adecuado a una final que vuelven a protagonizar los equipos de la ciudad de Puerto Madryn. El “Depo” y la “Maquinita” han dominado el básquet zonal y entre ellos jugaron ocho de las últimas diez finales, por eso, valió la pena esperar unos días para observar el quinto y decisivo partido en el que los dos llegaban con chances de quedarse con el título, porque Madryn había ganado claramente los dos primeros y porque Ferro reaccionó a tiempo y niveló en los dos restantes para forzar este último juego. El juego tuvo fricciones y acciones lógicas de un juego decisivo, donde parecen más los errores que las virtudes, y ahí Madryn se equivocó menos. Desde el principio del partido los árbitros foráneos, Sánchez y Salguero, que acompañaron a Acevedo, “marcaron” la cancha, fueron estrictos y poco permisivos, de manera que ninguno se vea favorecido ni perjudicado por sus fallos y sean los jugadores los verdaderos protagonistas del espectáculo. Y eso sucedió, por eso, el juego lo definieron los jugadores. Hasta el tercer parcial todo parecía indicar un cierre apretado, punto a punto, tratando de sacar máximo rédito a los errores y capitalizarlos en acumulación de puntos. Ferro fue el que se equivocó más, fueron incontables las pérdidas del equipo y eso, fundamentalmente en el último parcial, limó sus aspiraciones de título. Intentó jugar pelotas difíciles y casi todas las perdió, y llamativamente algunos de sus jugadores se los notó imprecisos, quizás nerviosos o superados por el marco, porque de otra manera no se explica el por qué le da al rival la responsabilidad de manejar el juego, cuando saben (por historia) que Madryn saca fuerzas de donde no tiene y con dos o tres destellos de algunos de sus jugadores levantan el partido, ponen de rodilla al rival y no dan margen para reacción. Todo eso pasó en el quinto y decisivo partido. Balut sacó chapa de héroe otra vez y con un par de misiles tierra-aire avivó las esperanzas de enfriar el champagne para llenar la copa. Antes de ese lapso del jugador emblema aurinegro, Barragán fue otro notable protagonista también con certeros lanzamientos de larga distancia que mantuvieron a su equipo en línea y se dio el gusto, otra vez, de gritar campeón con su equipo en el último juego con esa camiseta, porque su destino lo muda a otro lugar. Los hermanos García agotan de tanta intensidad, a veces demasiado individualistas pero goleadores siempre, asegurando puntos que otros fallan. Riolfo parece que, por contextura, todo le cuesta el doble y él lo hace todo muy sencillo y aunque a veces parece no lucir es el jugador “diferente” que obliga a los demás a ser mejores cada día. Manitta y Pérez se desgastan ante los rivales y su laburo para no verse pero están al servicio del equipo para que los demás se luzcan. Todos al servicio del equipo, todos con roles diferentes pero con objetivos comunes, por eso tantas finales ganadas cuando parecían perdidas, por eso tantos títulos. Madryn tiene ese plus que los demás no. Madryn quiere y puede, porque cuando no puede con su juego aparece el corazón y es el que los guía a la final, el que los hace ganar, y al final de la película los hace campeones.

Fuente: Diario Jornada.