El «Tata» resultó un protagonista ineludible de la final ante Alemania, en la que la Selección se impuso 3-2. El zaguero no contaba con ningún gol en la Albiceleste, sin embargo, le tocó convertir, de cabeza, el 1-0, a los 23 minutos de juego en el estadio Azteca. Brown supo narrar aquella conquista con un tono épico en el micro «Yo anoté un gol en la final del Mundial», que supo realizar ESPN.

«Se me metió Diego (Maradona) adelante y Burruchaga le pegó bien fuerte y con comba. Cuando empiezo a tomar carrera, lo miro a Schumacher (el arquero germano), y digo: ‘No llega’. Vengo corriendo, lo empujo a Diego y le meto el frentazo. Cuando el me meto el frentazo, ya no miro más la pelota y salgo a festejar el gol«, narró. En efecto, ante su arremetida, el capitán quedó desparramado en el área, pero igual de feliz que el autor del grito.

No fue el único gran condimento para el defensor en aquella final, a la que llegó sin dormir ni un solo minuto. «Y no fui el único, porque en el galpón donde dormíamos siete, las bisagras de las puertas hacían un chirrido, y en un momento escuché varios, me asomé y estaba Ruggeri. ‘¿Qué hacés Cabezón? No pude dormir ni un minuto’, le dije. ‘No te puedo creer, yo igual’, me contestó», supo detallar sobre lo sucedido en la concentración del club América, que resultó su hogar durante un mes y medio.

El conmovedor festejo del “Tata” tras su gol en el estadio Azteca, acompañado por Jorge Burruchaga (Foto: Action Images / Sporting Pictures / Nick Kidd)

El «Tata» fue un ejemplo de coraje en aquella final. Porque la terminó jugando con un hombro totalmente inmovilizado, por un golpe. Un rival me chocó, me pega acá en la articulación. En los bíceps, la articulación, tenía un dolor insoportable», explicó.

Entonces tomó una decisión tajante: «Lo primero que le dije al doctor Madero fue ‘ni se te ocurra sacarme, no salgo ni muerto’. Me mordí la camiseta, le hice dos agujeros para meter los dedos (e inmovilizar el brazo derecho) y terminé así. Pasé por un millón de cosas difíciles e iba a dejar de jugar una final del mundo por un dolor en el hombro… ¡Ni loco! Tengo el orgullo de haber hecho un gol en una final del mundo para mi país», concluyó su conmovedora narración, que explicó el espíritu de aquel grupo que quedó en la historia.

La camiseta agujereada de la final del 86, que permanece en manos de la familia Brown, como un tesoro (Foto: @gravep)

Fuente: Infobae