5 - mayo - 2019

De barbas, pelos y perfumes

Historias Mínimas.

Serán otros hombres, más hombres los nuestros ?. Las modas tan pasajeras plantean cada vez, desafíos renovados. Y parece no haber límites para el cuidado extremo y el buen gusto. Aquel vikingo irascible, machista y bebedor quedó definitivamente en los archivos ya que por obra y gracia de los Barber Shops, que podrían mutar su imagen para convertirlo en un modelo de la nueva estética masculina, perfumado y aromatizado por finos elixires. La “movida” dicen, comenzó en Roma (Italia) aunque podría remitirse a los tiempos de las cavernas. Los barberos han existido desde hace siglos y originalmente su tarea no se limitaba al corte del cabello: se los conocía como “cirujanos- barberos” ya que realizaban extracciones de muelas y pequeñas intervenciones quirúrgicas.

Hoy los indicadores coloridos de la calle resultan signos inequívocos de aquellas prácticas. El “polo barbero” tricolor, el elemento cada vez más presente en la vida comercial, se remite a aquellos orígenes. Habla de rodillos que en color rojo y blanco advertían a los vecinos sobre la presencia de un “profesional”. Para evitar confusiones respecto a otras profesiones optaron por agregarle el color azul a la combinación. Y hoy, ese implemento es un símbolo de los artistas del pelo y la barba en cualquier parte del mundo.

Nunca podría tratarse de una peluquería clásica un tanto aggiornada sino que desbordados por la exclusividad, estos habituales reductos de sociabilización se han convertido en un centro profesional del cuidado de la barba. Sí, de la barba!!.

Antes en la espera de un corte de cabello solía leerse la revista de la semana con El Gráfico y Para Tí a la cabeza o algún ejemplar cotizado de Selecciones de Reader’s Digest pero en la actualidad, éste momento único de encuentro con uno mismo empieza con otros rituales. Siempre hay un dispositivo electrónico para establecer el modelo final, el corte definitivo mediante un trabajo artesanal. Con más o menos volúmen; demarcada, tupida o al ras siempre habrá una armonía con el corte de pelo de rigor inclusive en aquellas ocasiones en que la cabellera no sea tan abundante o haya sorteado ya coloridas tinturas en procesos inútiles contra el tiempo.

La barba representa un trofeo, el último bastión de la masculinidad y una conquista silenciosa que ningún movimiento opositor sexista podría siquiera imitar. En sí, es ese factor que a muchos hombres suele convertir en “diferentes”, un rasgo de personalidad que no cualquiera puede llevar y que hoy, es objeto de un análisis que pondría en aprietos a más de un discípulo del mismo Freud.

Las barberías salieron de la casi extinción para reconvertirse en un paseo obligado, como mínimo una vez por semana. En ésta suerte de spa, la ambientación siempre cuenta: proliferan los ritmos latinos ya que el reggaetón en sus distintos estadíos forma parte del combo estético como la butaca giratoria y de múltiples posiciones; las máquinas prolijamente expuestas sobre la mesa -en especial las de corte y las destinadas a la demarcación-; el juego de tijeras de rigor; cremas, geles y aceites como también las navajas de hoja recambiable que le dan, el relieve exacto a cada servicio. Y ponen a prueba la mano y la pericia del profesional.

Los hombres de pinzas depilatorias tomar, suelen aprovechar la excursión para un depurado recorte de las cejas y hasta para “colorear” algunas áreas devastadas con tinturas naturales que suelen durar menos que un suspiro pero “garpan”. Y la barba, sacrosanta, empieza a cobrar vida propia entre espumas perfumadas y paños calientes.

No se trata de un simple afeitado sino de una mirada más fina del corte de la cara, la tupidez del vello y los posibles defectos o detalles de cada rostro. No suele haber dos barbas iguales, ni siquiera parecidas. Y encontrar ese punto exacto requiere de ciertos cálculos invisibles a los ojos. Debe “marcarse” el recorrido; las líneas y hasta la elipsis de un bigote que siempre debe ir a tono, casi coronando la “obra”.

Abundan los locales en que los extranjeros proliferan por una cuestión de tradición. Y hasta hay detalles innovadores: aplicaciones que desde el celular permiten gestionar un turno con anticipación por un adicional de cincuenta pesos hasta un bonus todavía más heavy: barberías con cervecerías combinadas en un mismo espacio, resumiendo los locales “de moda” en un ámbito bastante más festivo, donde se permite degustar bebidas a la espera del corte y compartir así, una charla free con algo más de adrenalina.

Cada cual con su estilo. Pero el concepto marca que la barba abundante es la que lidera el ránking aunque la “improvisación” de algunos días sin rasurar sigue provocando un efecto que debe inevitablemte acompañarse con actitud. Para esto tampoco hay recetas mágicas. Las caras deben acompañar al portador para que la combinación resulte un cocktail más o menos atractivo pero indudablemente el despliegue estético es un fuerte componente. Junto con la ropa correcta, el tatuaje oportuno y bien personal; la barba ha ganado un lugar de relevancia en el márketing masculino cada vez más dispuesto a desacartonarse y cortar el hilo de los estereotipos. Y en eso, los Barber Shops llenaron un lugar que parecía estar vacío.

Fuente: Diario Jornada.