27 - enero - 2020

Corredor de los Andes: Ya anticipan un récord de turistas en temporada estival

Por estos días, hacer el tramo entre El Bolsón y Bariloche demanda dos horas y media (habitualmente es la mitad). Por la ruta 40, se cruzan autos con patentes de Washington, Uruguay, Brasil, Suiza o las legiones de motoqueros con rumbo a encuentros por toda la cordillera.

Lo cierto es que, más allá del lógico recambio estacional, la región andina sigue colmada de turistas y así promete continuar al menos hasta fines de febrero.

En el Corredor de los Andes que se extiende desde El Manso (al norte) hasta Corcovado (al sur), y que incluye ciudades cabeceras como El Bolsón, Lago Puelo, Esquel y Trevelin, hay aproximadamente 12 mil camas disponibles para los visitantes que, salvo raras excepciones, tienen más de un 90% de ocupación. Igual panorama se observa en cada atardecer en todos los restaurantes y bares, mientras que durante el día la gente se dedica a hacer excursiones de aventura o aprovechar las jornadas de 30 grados para disfrutar de los lagos y ríos al alcance de la mano.

Según los analistas, “estamos en vísperas de igualar, o incluso superar, la temporada de 2006, cuando por la zona pasaron 250 mil turistas. Aquello fue un récord, porque además había buen poder adquisitivo en el país. Fue un año que quedó en el recuerdo por todo lo que nos tocó vivir después”.

En promedio, el gasto diario por persona este verano alcanza los 3 mil pesos (mil en alojamiento, mil en comidas y otro tanto en gastos varios, incluida alguna excursión, salida a boliche o pub o compras en alguna de las ferias artesanales). Según las estadísticas, cada familia permanece entre tres y cuatro días en cada lugar, donde hace base para salir a recorrer la comarca.

Calculadora en mano, un referente del sector turístico se animó a sacar cuentas: “Si realmente tenemos 60 días de ocupación plena, a esos valores tenemos que hablar de unos 4.200 millones de pesos contantes y sonantes que van a ingresar al corredor, generando trabajo y reservas para tirar el resto del año. Podemos estar tranquilos”, aseveró.

A ello, habría que agregar “la gente que se hospeda en Bariloche, por ejemplo, que viene a la feria de El Bolsón y al Parque Nacional Lago Puelo, que también deja dinero y almuerza en la ciudad. Hay días en que los artesanos concentran más de 5 mil personas”.

Otro dato no contabilizado son los refugios de montaña al oeste del río Azul, con una afluencia que ya superó los 25 mil jóvenes, quienes pagan en promedio $800 por noche para alojarse y otro tanto en comidas y cervezas artesanales. Según estimaciones, dicha cifra llegara a los 40 mil hasta Semana Santa.

En referencia a la procedencia de los visitantes, desde las distintas oficinas de Turismo de la región de detalló que “a esta altura del año, el gran flujo viene de grandes ciudades como Capital Federal, Córdoba y Rosario; además del público siempre fiel que nos visita desde Chubut, Santa Cruz y el Alto Valle de Río Negro y Neuquén. También, por estos días comienzan a verse muchos chilenos, que tienen la costumbre de vacacionar en febrero”.

Con todo, un cabañero de Lago Puelo reflejó que “todo enero estuve ocupado con europeos, australianos y canadienses, todos con reservas concretadas a través de páginas web. Me llamó la atención porque es un perfil de clientela que no viene en verano, sino que elige la primavera o el otoño, cuando hay menos gente. Se ve que el cambio les conviene”, graficó.

Recorriendo la Comarca Andina hacia el sur, al llegar al valle de Cholila, un grupo de ciclistas extranjeros se ha detenido en el bar “La Legal”, que en realidad es un antiguo almacén de ramos generales y ahora el museo que guarda toda la historia de Butch Cassidy y su banda de pistoleros norteamericanos, cuya cabaña permanece en pie a pocos metros.

Para su sorpresa, luego de que sus propietarias cuentan las anécdotas del lugar, aparece don Abelardo Avilés, todo un personaje del pueblo, quien agrega las propias vivencias de su familia de colonos con la gavilla que asaltó trenes y bancos en el oeste norteamericano y recaló en el paraje El Blanco huyendo de la justicia. Todos terminan fotografiándose con los sombreros de cowboys y los revólveres, antes de montar a caballo para llegar hasta la vieja casona, cual “bandidos rurales” en búsqueda de nuevas aventuras.